El olor del tiempo se seca de espaldas a la pared,
y el aullido ciego no alcanza los rincones.
Las horas que desfilan desmoronan lo aprendido,
y el espacio es infinito, desolado y hasta frío.
Los colgajos de las charlas, quedan firmes en un hilo,
y los otros que cayeron, yacen muertos en olvido.
El perfume de la risa es almizcle y poco claro,
se confunde con el llanto de un recuerdo poco vivo.
Las raices de la cama laten lento, duro y frágil,
se desmontan de repente, y de acuerdo a lo que sienten.
Los colores de la calma se deshacen en el aire,
la ventana queda abierta, y asi todo se me escapa.
Era anoche un tiempo duro, lo vivido es lo mas cierto,
y embriagados en lo burdo, en tu cuarto quedó muerto.
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