jueves, 26 de agosto de 2010

Libido

Sentirte, casi sin tocarte, así como cuando te tocas tú y siento que soy yo quien lo hace, mientras que de cerca dejo caer mis deseos, para morir en tu oído atento… Atento a mis palabras y al juego intenso de tus manos.

Que cuando caen en tu estomago viajan para desvanecerse en tu profunda fuente de pasión interna, que viaja por tu sangre y se hacen libres con los poros de tu piel, que gritan y gimen como si necesitaran carne, otra piel que tocar.

Donde se produzca el vacio de tus labios junto a los de mi boca, que fluya como un rio el deseo de tenerte, y que nuestras pieles se arrebaten al oír al otro llamar a la luna, como lobo en la noche, como animal hambriento que busca alimento.

Olfatear tu olor, mi dulce presa, saborear tu carne como si la tuviera entre los dientes, y morder tus labios como si fueran de ambrosia, saciar el hambre con un bocado de tu dulce y tersa piel, asombrarme con el sabor de tus delicados senos, alcanzando a regalarte el momento solo a ti.

Arrancarte pedazo a pedazo los velos que te cubren, solo con los dientes rozando lo que sientes que es de tu cuerpo, ahora mío en el momento, entregándome a mí mismo el placer de verte cerrar los ojos, y encontrarte con tu cielo.

Azotarte contra mi cuerpo mientras intentas escapar de lo que realmente quieres, que la pasión nos haga ver a los cuerpos entre ciegos. Porque eso somos, ciegos creando nuestros propios seres, inventando, imaginando al otro como es.

Que la luz es baja y nuestro encuentro es fuerte, que a cada abrazo que te entrego eres mía y no del viento, que mi cuerpo te desea y las cadenas ya no aguantan, que mis manos en las tuyas se pierden en el juego.

Y mi lengua saborea cada parte de lo tuyo, cada estrofa de tu vientre. Y tu monte, Venus, he conquistado, con un cetro con el nombre de este cuerpo que has vivido, y que con las manos te rodea para hacerte suya, mía, mi presa.

Al encuentro de los cuerpos que hemos sido invitados, victimas del fuego del infierno de nuestros besos, que nos han llevado a tal momento de concilio. Y déjame seguir aquí mientras te desarmo con la mirada, mientras mis brazos te rodean y te abrazan por la espalda.

Que las palabras no son suficientes, solo gimes y fuerte respiras, porque nuestro calor está en tercero con nosotros, que mi libido sube, y ya a tu cuerpo no resisto, asique ven, grita, aúlla, muérdeme, abrázame, rasgúñame, porque ahora a ti te toca ser mi deseo, te toca ti matarme con tu cuerpo... Lujuria eterna, mi luna llena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario