Hoy el silencio puede perderse en nuestras sabanas, hoy el silencio puede derrotar las caricias y atravesar los muros…
Deja que el calor de nuestros cuerpos se entrelace en las horas perdidas y que la luz sea tenue solo para admirar tu perfecta silueta, y que seas tú el arte impresionista que divida los colores, esa sombra que me mata y el brillo en tus senos que me hace perder la cabeza.
Hazme sentir vivo con esos alaridos suaves y tentadores que me entregas al besar mi pecho y que vienen desde el monte de Venus, y que viaja como gotas de rocío acariciando tu cuerpo y las palabras que mueren en mi boca.
Sabemos bien que no hay sorpresas: que nuestros cuerpos quemándose en la caldera viva es historia conocida, pero que nos encanta contar a la hora en que cae la oscuridad, y que se une con la maldita danza de los aquelarres…
Porque quizás hoy nadie nos está mirando con culpa, solo con morbo y nos entrega la sabiduría de entender cada momento como una pieza única y de precio invaluable. Dando un paso delante de cada cosa que tiene más valor que el oro.
Afirmando tu cintura y tu aferrándote de las sabanas mientras aprietas los dientes y muerdes esos alaridos de nuevo y los asesinas cada vez que salen con mordidas fatales, y falsas esperanzas de que acá viene tu momento de morir o tocar la sima.
Que la ceguera nos deje llevar por el tacto, y que la pasión sea una con la cordura, recorriendo cada rincón de nuestros cuerpos como un lugar nuevo cada vez, y que sea un baile suave pero salvaje, que sea instinto e inocencia al paso que la inconsciencia nos vuelva frenéticos en un grito silencioso…
Susurrado, ahogado, perdido, amordazado…
Que esa habitación sea un altar hereje de todo lo que nuestros cuerpos tienen que decir, y que nuestros labios tienen que probar… Toda maldita fruta prohibida al paso siguiente después de cada caricia y cada rasguño.
Más no contando la misma historia de siempre. Esta vez será el terror de la última vez, el temor de la insegura incertidumbre, y los nervios de nuestra primera… Porque hoy podemos lograrlo, o simplemente morir en el intento… Prefiero morir en el intento y verte ahí encima de mi cuerpo revelándome todo tu esplendor, y trayéndome a la vida en un solo soplo…
Que tu sexo esta en todo mi ser y el mío está dentro de ti jugando a encontrar salida, y rozando cada palabra profunda desde la garganta, y que no tiene más destino que morir en el aire y revivir en mis oídos, en el terrible y exquisito eco de nuestras paredes…
Y aprovecha que estoy quedando sin aliento, y tus estas ahí con la misma luz que nos envuelve y nos entrega el momento perfecto para reconciliar nuestro pretexto, y que probablemente acabe con nuestra vida en este mismo momento… Aquí donde mueren los lamentos.
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